¿Erudición flamencológica o mala leche?

Hoy no tengo un buen día: primero me descuelgo con las tonterías de T. y sus “puestos de pipas”, y ahora no puedo resistir la tentación de despotricar de algunos flamencólogos de toda la vida, y otros de última hora, que parece que, al convertir el flamenco en la forma de ganarse las habichuelas, le han cogido manía, le han perdido el respeto o no lo han querido nunca.

Y todo esto tiene que ver con las efemérides flamencas que van a celebrarse en este año 2009: el centenario de los nacimientos de Antonio Mairena y de Manolo Caracol. Ya me temía algo así desde que me apunté al Congreso que se le dedicó a Pastora Pavón en Sevilla y me gasté mis dinericos -debí de ser la única pardillo/a- para salir tremendamente decepcionada. Pues esto de ahora, va a hacer de aquel Congreso un hito en los estudios flamencológicos.

Ya no voy a volver a picar.

Se anuncia para mayo un Congreso sobre Manolo Caracol, también en Sevilla, y sale una nota de prensa muy vaga, sin fechas concretas ni contenido -a estas alturas, ya deberían estar cerradas y entregadas las comunicaciones y ponencias, y comprometidos los especialistas-. Esto no augura nada bueno: se hará todo tarde y mal. Pero lo más alarmante fue los pocos nombres que mencionaba la nota de prensa. Si son esos personajes los que van a hablarme de Manolo Caracol, no voy a Sevilla ni aunque me den gratis la inscripción, me paguen el hotel y me regalen la obra completa de Caracol. Sólo diré que entre ellos hay un personaje oportunista que escribió hace poco, por encargo, una biografía de Caracol con los solos datos que le proporcionó una nieta del cantaor y consultado la prensa del corazón.

El otro despropósito ya lo han perpetrado en un programa de radio que, gracias a Dios, sólo se escucha en Madrid y si decides sufrir, lo tienes disponible en internet durante la semana siguiente a la emisión. Estos flamencólogos no son precisamente oportunistas, pero parece que después de tanto convivir con el flamenco, ya están aburridos y hartos de él y se dedican a hacer unas gracias que rayan el mal gusto. La cosa no sería grave, si no pensara que el programa del último domingo le hace muy flaco favor a Antonio Mairena.

No voy a alargarme en la sarta de dislates: sólo diré que para homenajear a Mairena, van emparejando los cantes de Antonio con los de un tal “Francisco de Albacete” que es el paradigma de lo hortera-flamenco y de la payasada-cantaora. Después de media hora tuve que apagar la radio para no llorar, mientras ellos dos parecían estar muy divertidos con la broma. Si querían resaltar los altos valores del cante de Mairena contrastándolo con las patochadas del “de Albacete”, la impresión que yo saqué es que se estaban riendo de… los dos.

Si alguien quiere, con garantías, saber algo de Caracol que espere a que Manolo Bohórquez se decida a investigar y escribir la biografía que nos tiene prometida. Para Antonio Mairena, hay que leer sus Memorias y el libro de Juan Antonio Muñoz.

Mientras tanto, podéis escuchar las 4 tertulias que el programa y revista Los Caminos del Cante le dedicaron a Manolo Caracol.

http://www.loscaminosdelcante.com/category/recursos-audiovisuales/

Os dejo con Manolo Caracol y Melchor de Marchena, en su casa, rodeado de su familia y sus amigos, grabados para la serie de televisión Rito y Geografía del Cante en 1973, poco antes de morir.

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2 pensamientos en “¿Erudición flamencológica o mala leche?

  1. Totalmente de acuerdo: el que no valga para otra cosa que se haga flamencólogo.Sin quitarle méritos a José Mª Velazquez, Rito ha sido un programa de mucha gente. Se nos queda la cara del presentador, pero el acierto grande lo consiguió el que penso: vamos a fimar esto que se está acabando…

  2. Yo también estoy totalmente de acuerdo contigo… en esto, en que hay mucha gente dedicada al flamenco que no sabe ganarse la vida de otra forma: la gente del Congreso y algunos que hacen radio.Y no me refiero a Velázquez-Gaztelu. Pero en la autoría de Rito y Geografía del Cante, también estoy totalmente de acuerdo contigo: que es obra de un equipo, y muchos de los aciertos de la serie no corresponden a la flamencología, sino a la cinematografía.Otra impresión que tengo es que fue el resultado de una serie de casualidades felices.Creo que hay que reinvidicar, como en el caso de Café Chinitas, los nombres de los responsables de esa estupenda casualidad.

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