Desde Málaga, el ciclo Flamenco y Poesía.

Reivindicaciones gitanas

LOURDES GÁLVEZ DEL POSTIGO | Málaga hoy | 27.06.2009 – 05:00

Lugar: Auditorio de Diputación. Fecha: 25 de junio de 2009. Proyección: ‘Camelamos Naquerar’. Lectura de poemas: Elías Heredia. Espectáculo: ‘Flamenco y Compromiso’ por Salvador Távora y ‘La Cuadra de Sevilla’


El último día dedicado al ciclo
Flamenco y Poesía (organizado por la Diputación de Málaga) prometía ser una velada intensa y llena de emociones y, así fue, pero en menor medida de lo esperado.

Para comenzar se proyectó un fragmento del documental Camelamos Naquerar (Queremos hablar) de 1976, que marcó un punto de inflexión en la consideración de la etnia calé, al ser la primera vez que los propios gitanos denunciaban las injusticias por las que tuvo que pasar su pueblo.

La calidad de la imagen y del sonido de este valioso documento está muy deteriorada, por lo que desde aquí sugerimos que se restaure y se digitalice. Después estaba previsto que el autor, José Heredia Maya, poeta, y primer profesor gitano de la Uuniversidad Española, hablase sobre el documental y leyese algunos poemas pero, al encontrarse enfermo, no pudo asistir, siendo sustituido por su hijo Elías y su amiga Catina, que leyeron su currículumy algunos poemas.

A continuación, tuvo lugar el espectáculo, Flamenco y Compromiso, una obra que Salvador Távora y su grupo La Cuadra de Sevilla han preparado exclusivamente para este ciclo. De hecho parece que no está previsto volver a representarla.

Con su habitual elenco, el montaje sigue la idea de Camelamos naquerar y, más que tratar de compromiso político, que es el leit motiv del ciclo, redunda en el tema de la persecución sufrida por el pueblo gitano.

La escenografía es sobria y simétrica, otorgando protagonismo a una recitadora -Concha Távora- que se sienta en una especie de trono central rodeado de candiles encendidos.

Esta rapsoda, con una evidente y cautivadora capacidad de transmisión de sentimientos, clava una simbólica faca en el centro del escenario y en torno a ella se irán desgranando los números de cante y baile.

Al final, como no puede faltar en ningún espectáculo de Salvador Távora, tuvo lugar el contrapunto sorprendente, en la piel de una bailarina de ballet con su tutú y sus zapatillas de puntas, que baila una pieza clásica cual reverencia y subyugación ante la faca.

La cantaora, Ana Real estuvo plena de facultades, cantando con gran poderío, y correctos los músicos. Por su parte, los bailaores estuvieron en su tónica habitual: intachable estuvo El Mistela, con su técnica depurada. Sin embargo, María Távora, no acaba de cuajar, quizá por su juventud se encuentra aún poco definida en sus movimientos, demasiado rápidos y superficiales, por lo que cuesta emocionarse viéndola bailar.

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