El Calor con mayúsculas

Esto del calor es una cosa seria, pero poco.

Tengo amigos a los que estimula, pero a mí me tiene de capa caída: desganada, desmotivada, deslavazada, desmadejada y todos los des… que se os ocurran.

Ayer, en Madrid, hizo un día “africano”. Las temperaturas fueron las más altas del verano -hasta ahora-; nos cubría un cielo blanquecino como un sudario y, para colmo, soplaba un viento fortísimo y tórrido que levantaba el polvo de las múltiples obras abiertas en la capital y lo lanzaba contra los transeúntes para depositarlo en nuestros rostros cubiertos de sudor. Yo me sentía como un rebozado, dispuesto a entrar en el aceite hirviendo de la sartén.

Y como, cuando hace calor de verdad, se está peor en casa que en la calle, decidí plantarle cara al bochorno y al viento y me lancé a la calle… a pasarlo fatal, para luego disfrutar de una noche algo más calmada.

Después del trabajo, me fui directamente a la Hemeroteca Municipal de Madrid, que el año pasado no tenía aire acondicionado, y tampoco este. A las 3 y media de la tarde estaba sentada en mi pupitre, con mi abanico y un tomazo inmenso de La Hoja del Lunes, encuadernado, correspondiente a 1965. Le prometí a un amigo que buscaría noticias de un artista flamenco sobre el que está trabajando y no se me ocurrió año mejor para empezar la búsqueda. De momento, he encontrado mucha copla y poco flamenco: a principios de 1965, triunfaban en Madrid, Marifé de Triana, Rafael Farina y La Paquera, que sorpresivamente “giraban” juntos los dos últimos. En Televisión, el bailarín Rafael de Córdova.

En la Hemeroteca Municipal aguanté hasta las 5 de la tarde, y cuando estaba a punto de disolverme, decidí irme al cine de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas para ver en formato grande la película de Edgar NevilleDuende y Misterio del Flamenco“.

Después de tragarme un corto espantoso sobre la gripe y los estornudos, empezó la película de Neville, que tengo muy vista pero en la que siempre descubro algo nuevo; empezó también a hacer frío en la sala, empecé a impacientarme con los bailes de la Mari Luz -muy guapa y sexy ella, pero que todo lo bailaba igual-, con la conversación constante de mis vecinos de butaca y hasta con la estética kitsch de tarjeta postal de la película.

Hay que decir que se estrenó a finales de 1952, pero se filmó desde finales de los años 40s, y que me deslumbraron los bailes de Pilar López, pero que sólo me emocionaron un cantecito por bulerías de una gitanita desconocida -llamada Pastora-, las soleares de la Bernarda de Utrera en la finca de Juan Belmonte, y el baile, en una terraza gaditana, por alegrías de una pareja insólita: una abuelita amojamada y una niña de unos 10 años.

Os pongo el cantecico por bulerías de la gitanita Pastora -¿no os parece que el gitanito se parece mucho a Farruco de muchacho?-, y el baile por bulerías de los de Cádiz, con la voz en off de la Fernanda.

Viniendo de Neville, no es de extrañar que deslizara en la película sus chites ingenuos y surrealistas. Aquí tenéis uno de ellos.

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3 pensamientos en “El Calor con mayúsculas

  1. Muchas gracias a los dos, por la información.Estoy emocionada de tener a Farruco -abuelo- y a su mujer Pastora en el Barrio y en YouTube, cuando no los conocía nadie. Nadie, menos el señor Edgar Neville.¡No me extraña que fuera lo que más me gustaba de la peli de Neville!

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