El Maestro de Las Castañetas. Capítulo 4º

Continuamos escuchando a la Panda de Verdiales del Maestro de la Castañeta, en sus grabaciones de 1985, incluidas en una serie de CDs de la Colección “La Tradición Musical en España” Vol. 6 (1997), y leyendo parte del texto que acompaña esta edición.

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Hoy le toca el turno a los instrumentos de la fiesta de verdiales.

Capítulo 4. La instrumentación en la fiesta de verdiales.

El conjunto instrumental que ejecuta el acompañamiento musical del baile y ritmos de la fiesta de verdiales está compuesto por violín, guitarras, platillos y pandero. En la modalidad de fiesta propia de la zona de Comares se utiliza, además, el laúd.

El violín, por el hechizo de su melodía, se convierte en el auténtico rey de la música, a pesar de ser el último instrumento incorporado a la misma, hecho que tiene lugar a partir de que en el siglo XVIII algunas zonas rurales malagueñas fuesen repobladas por emigrantes alemanes. En el pasado solamente se utilizaron las dos primeras cuerdas del violín pero posteriormente se ha generalizado el uso de la tercera que, de todas maneras, es poco utilizada; casi nunca en el “paseillo” y raramente en las subías. Es el instrumento que menos buenos intérpretes ha tenido en la historia conocida de la fiesta. Frente a la sencillez de las notas que se han de marcar con la mano izquierda en el mástil, aparece como extremadamente complicado el juego que se ha de dar al arco para conseguir el ritmo necesario. La mayoría de sus intérpretes son autodidactas pues el violinista de verdiales, sin duda por el afán de reafirmar su personalidad en base a lo singular de su toque, se muestra remiso a la hora de aceptar discípulos. En las modalidades de fiesta de Almogía y Comares, el violín juega un papel primordial, definitorio, y marca la melodía de la música que pierde importancia en la modalidad de Los Montes en aras de la preponderancia del ritmo impuesto por el pandero.

Aunque hasta fechas recientes eran dos las guitarras que utilizaba la panda, actualmente se ha generalizado el uso de tres y en ocasiones cuatro. La guitarra juega el papel de acompañante de la melodía del violín mediante el “rasgueo”, excepto en la modalidad de Comares en donde alcanza, gracias al “punteo” de sus cuerdas en las “subías” un nivel semejante al del violín en la configuración de la melodía. Tal vez sea la guitarra el instrumento más fácil de tocar de todos los utilizados en la fiesta de verdiales, sobre todo cuando, como sucede en las modalidades de Almogía y Los Montes, el acompañamiento se hace sólo y exclusivamente mediante el “rasgueo” de las cuerdas. Conseguir con éste el ritmo y fuerza necesarios en cada momento de la ejecución musical es lo más problemático, pues los acordes utilizados son bastante sencillos: MI y La para el paseillo, aunque en la modalidad de Comares se añaden FA y SOL, y DO, FA, DO, SOL, DO, FA, para el acompañamiento de la copla. La guitarra se toca, generalmente, con la cejilla en el quinto traste aunque a veces se coloca en el séptimo. Esta última opción presenta la ventaja de un sonido más limpio y fino amén de una menor inutilización de cuerdas, pero resulta inapropiado para el cantaor, sobre todo para el de voz grave, debido al esfuerzo que ha de realizar. Actualmente, los fiesteros, en su mayoría, utilizan guitarras de calidad, hermosos instrumentos de artesanía muchas de ellas de buen sonido y suaves al tacto, pero en el pasado, he podido presenciar como la sangre brotaba de los dedos del guitarrero que se esforzaba por sacar sonidos aceptables de auténticos trozos de madera con forma de guitarra, pues eso y no otra cosa eran los instrumentos a los cuales el fiestero tenía acceso. El el “argot” de la fiesta, el ejecutante de la guitarra es llamado guitarrero, término con el que, normalmente, se denomina al constructor del instrumento.

La guitarra y el violín se afinan a partir de la prima de aquella y la segunda de este, pulsadas al aire y con la cejilla ya colocada en el traste elegido, en el caso de la guitarra.

El laúd utilizado en la modalidad de Comares completa el conjunto instrumental de cuerda propio de las fiestas de verdiales. En contra de lo que muchos fiesteros piensan, el laúd no ha sido recientemente incorporado a la fiesta sino que es el primer instrumento de cuerda utilizado en la misma. Almogía y Los Montes, las modalidades más evolucionadas, lo han perdido, preservando Comares su uso, lo que hace de este estilo de interpretación el más genuino y ensolerado de los tres. La música del laúd, del que sólo se utilizan en los verdiales los cuatro pimeros pares de cuerdas, compagina el “rasgueo” con el punteado, realizados ambos con una púa flexible que se aplica a las cuerdas. El origen del laúd, el más antiguo de los instrumentos de cuerda mencionados, se remonta a las antiguas civilizaciones del Medio Oriente, desde donde fue traído e España por los árabes.

Los instrumentos de percusión, platillos y pandero, son los más antiguos y, en ambos casos, tenemos noticias de su uso aún antes de la era cristiana.

Los platillos, construidos con bronce, son pequeños instrumentos circulares de unos ocho centímetros de diámetro que presentan en su cara interior una concavidad que se convierte en protuberancia por el lado externo. El sonido se arranca de ellos haciéndolos chocar uno contra otro, para lo cual se sujetan con una cuerda que se introduce por un pequeño orificio situado en el centro del instrumento. Cada panda utiliza dos pares de estos crótalos metálicos, aunque también es dado el uso de tres, si bien en este caso los platillos ocultan en demasía el sonido de las cuerdas. Tal vez debido a que la fundición que los fabrica no utiliza la aleación adecuada, lo cierto es que los platillos actuales no resisten la comparación, en dureza y sonido con los que tuvieron nuestros abuelos.

El pandero es un instrumento artesanal construido mediante un aro de madera al cual se sujeta, extendida, una piel generalmente de cabra. En las paredes del aro se acoplan las “sonajas”, piezas circulares de lata. La modalidad de Los Montes utiliza un pandero de grandes proporciones frente a los más reducidos usados en la zona de Almogía. Aunque en el tamaño no difiere del propio de Los Montes, el pandero de Comares presenta la particularidad de llevar unas “sonajas” de tamaño más reducido y menos ruidosas a fin de que su sonido no distorsione el producido por los instrumentos de cuerda.

Tanto los platillos como el pandero se tocan en las modalidades de Almogía y Comares “repiqueteándolos”, mientras que en Los Montes se tocan “al golpe”.

(Salvador Pendón Muñoz. Ardales, Málaga. 1997)
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