Lourdes y Juaneque en la Peña El Piyayo

El trío del viernes pasado, día 5 de noviembre, en la Peña el Piyayo (Rincón de la Victoria): el cantaor Juaneque, el tocaor Pepe Reina, y la conferenciante Lourdes Gálvez del Postigo.

¡Qué rebién lo pasé el viernes pasado en la Peña el Piyayo!

La verdad es que Lourdes, eche un pregón para el Concurso de Benagalbón o recorra la vida y milagros del cantaor Juan Breva, es de una amenidad envidiable: se documenta muy bien, lo expone con mucha gracia y talento, y no se anda por las ramas: directamente al corazón de lo que interesa… saber.

Me encantó el breve debate que planteó, y que ella misma resolvió, sobre la denominación que debía dársele a los cantes que Juan Breva creara; y me sorprendió con agrado que, finalmente, se decantara -emocionalmente- por el término que previamente había argumentado como menos… razonable. ¡Olé la gracia, el estilazo y el arrojo de esta listísima muchacha que convierte en oro… todo lo que cae en sus manos!

Estuvo fantástica y además respeta algo que yo agradezco muchísimo: el tiempo adecuado de una charla; no se alarga en disquisiciones y erudiciones que no se pueden digerir. Dijo mucho en poco tiempo, porque dijo lo mejor y de la mejor manera.

De la mejor manera ilustró los cantes que grabara Juan Breva, el cantaor Juaneque, padre de Lourdes, con la guitarra de Pepe Reina. Con unas facultades portentosas -a las que le sobra el micrófono- recorrió las soleares, la guajira y los cantes de Juan Breva con mucho sabor flamenco y malagueño. Y cuando terminó de ilustrar la charla, nos deleitó con unas soleares apolás -la soleá llamada de Charamusco, que me encanta- y sobre todo esos Cantes del Piyayo que Juaneque hace tan bien, y con guiños de complicidad dirigidos a su mujer, que estaba -cómo no- entre el público.

La Porverita se encontró en la mejor compañía que podía soñar: con esa familia cantaora y con la OTRA familia fiestera a la que tanto debe. Se reencontró con algunos de los amigos de Almáchar, que se apuntan a todo: al verdial y al flamenco, y que con ello viajan hasta… la India, señores.

Y en la barra del bar, tuvo sus conversaciones amigables con la maestra -también fiestera- que tiene alumnos muy “habiertos” -¡qué risa!- y que se hincha de hacer kilómetros desde el Rincón hasta ese pueblito de la zona de Marbella en donde tiene su escuela; y con el vecino de Benagalbón -bastante escéptico respecto a los conocimientos fiesteros de la Porverita- pero amable y divertido en sus anécdotas de emigrado-retornado de Suiza con un cochazo que… no cabía por los caminos de esa Axarquía, entonces primitiva.

En resumen, que la Porverita disfruta con el flamenco, pero… acaba por regresar inevitable y placenteramente a los brazos de la Fiesta de Verdiales que tanto ama.

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